Ajna, las puertas de la percepción

Vemos lo que esperamos ver. Dejamos que entre luz y podemos ver en la oscuridad. Percibimos los reinos más sutiles, trascendemos el tiempo viendo más allá de los dualismos.

Ajna significa “percepción”, el Sexto Chakra se conoce comunmente como “tercer ojo”: ese punto de colore carmesí que los y las hindues dibujan entre sus cejas para despertar el poder de la intuición.

Ajna gobierna la glándula pituitaria, la glándula maestra del sistema endocrino. La pituitaria se asocia a la intuición en parte porque, más que en ninguna otra estructura física, es el nexo entre la mente y el cuerpo. La pituitaria traduce las ideas y emociones de la corteza cerebral en sustancias químicas que controlan el estado de ánimo, los músculos y el metabolismo.

Los antiguos maestros no conocían la pituitaria, pero creían que se distribuían fluidos muy especiales desde el Sexto Chakra. Llamaban a estos fluidos amrit, que significa ambrosia o néctar. Hoy  sabemos que este néctar consiste en las secreciones de la pituitaria, que entran en la corriente sanguínea y viajan por el cuerpo, dirigiendo las acciones del resto de las glándulas endocrinas.

El poder de la mente es, según las culturas milenarias, el más fuerte. De ahí los silencios y las meditaciones de los sabios para fortalecer la conexión con su conciencia más profunda. Pero muchas veces se confunde la intuición que se puede alcanzar a través de un sexto chakra equilibrado:  la mayoría de las personas creen que la intuición se basa en misteriosas capacidades extrasensoriales, pero la parte más importante de Ajna tiene que ver con otro aspecto.

Estamos hablando de la capacidad de de ver desde el alma, en lugar de ver desde el yo. Cuando la perspectiva que nos guía es el alma tomamos, de manera natural y sin esfuerzo, decisiones que favorecen el alma por encima del yo. Nos centramos en la totalidad de nuestro ser, más que en las estrechas preocupaciones, basadas en el yo,  acerca de la supervivencia y de la posición.

A través de la meditación, desarrollamos el vínculo con nuestro ser más elevado, disminuyendo así la distancia entre el yo y la divinidad interna.  De esta manera nos volvemos conscientes de la belleza que existe en nosotras y en cada una de las personas, y desaparecen las dualidades y las luchas de nuestro ego.

Cuando la conciencia empieza a desplegarse abre la mente intuitiva, la mente completa, y revela la realidad que estaba antes oculta. Podemos ver más allá de lo obvio, vemos texturas y matices que a menudo escapan de la percepción de la corteza frontal del cerebro, que sólo es capaz de reconocer lo que se le ha enseñado a reconocer a través de la experiencia previa.

Con esta nueva visión de le realidad podemos hacer nuevas elecciones, incluyendo las que marcan el camino del alma.

“El caso es que no hay nada más hermoso, más valioso o más consciente que tu.”

Yogui Bhajan

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